La onda del trabajador tiene un nuevo estilo

Historia

Era bien jovencita y el dorso de sus manos reflejaba la expresión de una piel trabajada.  Venía de un linaje de olivos, de cortijos olvidados por la postguerra, de curruscos de pan lanzados desde la ventana por señoritos compasivos, de orgullo de sábanas blancas lavadas a piedra, de la cultura de la España profunda. Su maestra lucía jornadas de dieciseis horas para sacar adelante a sus cuatro hijos, con el apoyo de su única resistencia  a la miseria dejada atrás en campos de nombres olvidados.  El manso  que se había adaptado como receptor de provecho ajeno,  permanecía atento y entregado a sus “capotes lejanos”…

La jornada en ocasiones comenzaba a las cuatro de la mañana.  Unos días se esmeraban en la limpieza del edificio donde comenzaba la escena, desde el octavo hasta el cuarto de ambos portales del vecindario. Todavía recuerdo el aroma de la fábrica de café que proyectaba a modo de niebla su tostado aroma.  Al día siguiente realizaban con esmero  el decoro de los otros cuatro pisos, ¡el suelo brillante, los cristales impolutos, ni mota de polvo!.   Después repasar.   La siguiente vez, los carriles de las puertas de los ascensores, ni una huella en las paredes.  No debía quedar ninguna marca de pasos ajenos. Subían a pie, bajaban;  con nieve, corrientes, pesos, algún que otro corte y los riesgos típicos de los golpes por ir con prisa. La joven se ponía los cascos y recitaba sus lecciones de ciencia, filosofía o lo que tocaba por aquella época;  Su maestra supongo que planificaba lo que iba a ser una larga jornada de trabajo, allí por el 89.

A las seis de la mañana, si hacía bueno, caminaban hacia el pinar, purificando sus pulmones.Una corría y la otra practicaba sus estiramientos para volver más tarde  a su ritual de café y pitillo,  antes de comenzar lo que a partir de las ocho sería la verdadera jornada.

Por aquel entonces el desconocimiento de herramientas  telemáticas que dan acceso a la información de la vida laboral causaron lo que hoy se conoce como falta de cotización a la Seguridad Social y su consiguiente repercursión en la pensión de jubilación (tema interesante para una siguiente entrada)

Pese a ser una mujer trabajadora nunca dejó su estilo: bella esencia de feminidad acomodada en un cuerpo frágil con raices profundas.

Han pasado muchos años desde aquellos inicios en los que el trabajo era una demostración de dignidad, un derecho y un deber.

Seguimos caminando por el Atardecer de la Vida, no sin antes haber sido testigos de ciertos despropósitos que a mi parecer podrían ser enmendados.

Desde una posición un tanto cómoda, no por el lugar desde donde escribo sino porque lo que hoy se expresa con palabras está ya libre de de escombro, ligera del peso de los cubos de limpieza, de las cajas de embalaje de la fábrica, de las bandejas de cordero del restaurante, ni siquiera ya soporto el peso de los cuerpos inmóviles que dejaron huella en mi hombro dislocado y sobretodo en mi alma; libre del peso de los manuales de derecho civil, constitucional , mercantil y penal, libre del peso de mis mochilas rotas…

Sólo son pensamientos prófugos de una desclasada que sin ser desprovista de las becas de otros tiempos, tuvo acceso a una información que pretende ahora compartir para aliviar cierta neurosis de una sociedad cada vez más despierta y no por ello desprovista de heridas

Se trata de hacer honor a todas las personas que han ido dejando huella en este Carril del Bardo, en el que afortunadamente me siento dispuesta a transformar en sonido el aire que oscila entre nuestras palabras; gracias a los buenos y a los malos maestros en la escuela, de los primeros aprendí a ser Pygmaleona y de los segundos a no rendirme, a trabajar más hacia mis adentros, a profundizar en lo que me negaban, que era mi propia estima. Gracias a las intensas conversaciones entre pucheros, donde las mujeres de mi tribu me hicieron comprender la sabiduría de la naturaleza, de la cultura sin libros y de las pasiones humanas. Gracias a todas las mujeres heridas que con su denotado esfuerzo me han dado ejemplo en este tránsito.  Gracias a los hombres sinceros que me ofrecen la oportunidad de confiar en su arquetipo . Gracias a todos los alumnos y alumnas que han hecho de mi jardín una extensión sin límites… y a mi hijo , Yoel, a quien con gran pasión le dedico el lugar más hermoso en mi Rincón de Las Palabras Hermosas.

 

 

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3 comentarios en “La onda del trabajador tiene un nuevo estilo

  1. Me ha encantado..me ha llegado via leer a técnico preocupado ..escribir desde el corazón constante..y sufrido a la par que mostrar una actitud de decoro y aguante me emociona siempre..me ha recordado un par de personas que han hablado de cosas así..como Prado Esteban
    un cordial saludo
    Alejandro , Alicante

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