El jardín de la pedantería

nardoRecuerdo una de las escenas de Diógenes en “La Secta del Perro”. Un amante de esos de los mentales, pero no de los de verdad (pues “dime de lo que presumes… y te diré de lo que careces”), me había sugerido su lectura antes de comenzar nuestro idilio. En ese pasaje se relataba como un alumno que se había peío, se refugió en su casa avergonzado y dejó de acudir a las enseñanzas del cínico. A la semana siguiente, Diógenes, que se había estado alimentando a base de lentejas, fué en busca de su discípulo y comenzó su enseñanza entre estruendos y fragancias humanas.

Es lo que tiene el aroma de la sabiduría, se pueden ganar batallas… incluso laborales; pero de eso ya nos reiremos luego. Porque al final, la semilla de las denominadas listillas, que es una especie que emerge en estos terrenos, se abona con este tipo de cuentos.

Ahora me pregunto por qué aveces el lenguaje nos etiqueta como personas más o menos elocuentes, listillas, pedantes, ingenuas o que se yo que apelativos para hacer un diagnóstico equivacado de quienes lo que realmente pretendemos es transmitir de la manera más completa posible lo que se nos pasa por la cabeza… o si profundizas, por lo más oscuro de nuestro corazón, negro ya de tanta chamusquina.

Por eso aveces vale más una peía a tiempo que cualquier otra insinuación:- a mi, por ejemplo, me resulta  práctico imaginarme a mi próximo compañero de alcoba en un lugar más íntimo, digamos, ese que se visita todos los días si tienes una buena digestión y que si uno es bien educado termina con una buena higiene de manos y de sufterfugios ( en el caso de que uno sea amigo del escrúpulo). Es una práctica muy liberadora de apegos y enamoramientos, que lo único que te conducen es a una dispersión mental y a una pérdida de oxitocina importante. Y es que… una, a partir de los 40 ya no está para regalar hormonas, y mucho menos sabiendo que con el pasar de los años lo femenino se funde en el gozo de lo andrógino. Y vicebersa. Pura liberación.

Otra técnica interesante de esta lista de pedanterías es el resonar de un trompeteo airoso justamente después de uno liberarse de la tensión de un pulso sexual. No hay mejor hedor para centrarse en tierra firme y confirmar lo obvio. Si ya lo decía mi madre… “Las flores… hay que cuidarlas”…

Y cada cual ha de saber como abonar su “jardín perfumado”. Besos.

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